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Esther Andradi. Mi Berlín: crónicas de una ciudad mutante.

Esther Andradi: Escritora y periodista, ejerció el periodismo durante largos años, residió en diferentes países, y actualmente vive entre Berlín y Buenos Aires. Nació en Ataliva, un pequeño pueblo de la pampa argentina, estudió Ciencias de la Comunicación en Rosario y en 1975 emigró al Perú. En Lima fue reportera, articulista, jefa de redacción. En 1983 se estableció en Berlín, enseñó español, realizó entrevistas para la Voz de Alemania, escribió guiones para tv y reportajes para radio. Ha publicado testimonio, cuento, microficción, poesía y novela. Sus relatos figuran en numerosas antologías en diversos idiomas. Sus ensayos sobre cultura, migración y memoria circulan en diferentes medios de América, España y Alemania. Es autora de las novelas Tanta Vida, Sobre Vivientes y Berlín es un cuento. Tradujo la poesía de May Ayim al español. Editó la antología Vivir en otra lengua, presentando la literatura latinoamericana que se escribe en Europa. Ha sido traducida a varios idiomas, últimamente al islandés

“Para todos el muro de Berlín significaba algo omnipresente”

Mi Berlín: crónicas de una ciudad mutante, (Mirada Malva) es un libro que recoge crónicas, entrevistas y perfiles de vida, donde la periodista y escritora Esther Andradi, ofrece visiones diversas sobre la ciudad de Berlín, antes y después de la caída del muro, sin dejar de lado lo actual y cotidiano que se respira en la capital alemana.

Principio trágico
Esta historia comienza en enero de 1985, con el estallido de un avión poco después de iniciar despegue, en La Habana. Fallecieron todos los pasajeros. En aquel vuelo iba también el profesor que Esther Andradi había elegido para trabajar su tesis. Ella tenía dos años viviendo en Berlín pero muchos deseos de hacer un doctorado, recibió la noticia con estupor, el frío berlinés (20 grados bajo cero) hacían que el estupor se convirtiera en una innombrable tristeza, el silencio se tornaba espeso, los coches no se atrevían a circular. Esther había salido de Argentina huyendo de la dictadura, había ejercido periodismo en varios medios de comunicación de Perú, y ahora se encontraba al otro lado del charco, en Berlín, con una tesis incipiente y sin beca; padeciendo además una infección de ovarios que la obligó a permanecer tres semanas en el hospital.

Berlín, un laboratorio social
Una vez recibió el alta, abandonó la tesis y decidió sacar sus ficciones del cajón y ser escritora; además de eso, aun sin ser Berlín Occidental una ciudad de interés periodístico, ella a través de colaboraciones periodísticas siguió dando cuenta de que en esta ciudad la historia cotidiana latía en cualquier rincón, era “un lugar donde podía vivir mi ser mujer libremente, no era acosada en la calle con piropos, no importaba cómo me vistiera o desvistiese, era un ser más”, así fue como también en Berlín encontró oportuno registrar con su pluma lo que iba surgiendo a su paso, sintiéndose capaz de atravesar obstáculos, —a pesar del clima y el idioma,— para vivir tal experiencia. Pronto supo que deseaba quedarse a vivir en Berlín, “porque aunque encerrada en un muro, era un laboratorio social, artístico, diferente a todo lo que yo había conocido”.

Esther Andradi

Historias cotidianas
Esther Andradi que actualmente vive en Berlín, donde escribe y lee en alemán, poco a poco fue cayendo en cuenta que su condición de extranjera le permitía mostrar una visión distinta; gran parte de ese registro es lo que ha plasmado en Mi Berlín: suma de colaboraciones periodísticas en diversos medios de América Latina, y donde confluyen un desfile de personajes que conforman pequeñas historias cargadas de un poderoso significado, como el caso de un frutero kurdo que ha podido descubrir la fórmula para vivir feliz, también un ruso dispuesto a jugarse el pellejo por amor, al interior de un tanque de guerra; descubriremos la historia de un barco cuyo nombre es “Amor” y que casualidades de la circunstancias, se debate entre dos aguas alemanas. Se reúnen también significativos episodios históricos como la tragedia de Rosa de Luxemburgo, además de testimonios de injusticias, que todavía perviven en la actualidad.

La Alemania dividida
Durante la Alemania dividida, esta escritora y periodista después de pedalearse en bicicleta calles, tiendas y mercados, tomó consciencia de que para todos, el muro de Berlín significaba algo omnipresente. A su juicio y viéndolo desde la distancia añade que tal división sólo pudo tolerarse porque ambas ciudades disponían “de innumerables espacios verdes, lagos, bosques, lo que alimentaba la ilusión, al menos en Occidente, de no estar amurallados”.

La caída del muro
Pero la noche del jueves 9 de noviembre de 1989, cayó el muro de Berlín. Esther Andradi estuvo ahí para contar la sorpresa y la fuerte repercusión en la vida cotidiana de alemanes y extranjeros. Al margen de las muestras de euforia y perplejidad conocidas por todos, abundan datos curiosos que se recogen también en el libro. “Con el paso de los años gran parte de la ciudadanía de una y otra Alemania han admitido”, se trata de “las amplias ventajas sociales de la Alemania del Este, tanto en salud como en vivienda”, asegura y está convencida de que fueron mujeres las primeras en sufrir aquella diferencia, porque en la ex RDA la pregunta de “carrera o familia” no era tan decisiva como en Occidente para ellas.

Regreso a Argentina y el corralito
A principios de los años 90 Esther Andradi deja Berlín y se traslada a Buenos Aires; quizá rememorando la pampa santafesina donde nació y transcurrió su infancia, fueron años de grandes experiencias pero también de contrastes desafortunados dado que se topó con esa restricción monetaria conocida como corralito cuando, “en diciembre del 2001 explotó la burbuja neoliberal en Argentina, “la gente se largó a las calles a quemar los bancos que se quedaron con sus ahorros, el país entero era un cacerolazo, desfilaron varios presidentes en una semana”, recuerda.

Berlín una vez más
Tuvieron que transcurrir todavía 2 años para que en 2003 se volviera a dar cara a cara con un nuevo Berlín que conforma un segundo capítulo de su vida en Alemania, y que en el libro opera como un contraste fuerte con todo lo anterior que ella vivió y vive actualmente. A la pregunta cuál es el Berlín de Esther, ella responde que todos: el de los ochenta, el de la unificación y el de la actualidad. Y es que “después de vivir tanto tiempo vinculada con esta ciudad, siento que también Berlín es una parte mía, así como yo soy una parte de Berlín. Parte de mi juventud está aquí, y el comienzo de la escritura, el nacimiento de mi hija, el amor…

Los refugiados y la guerra
En lo que respecta a la historia alemana reciente, Esther cuenta que ha vivido dos momentos impactantes: “en 2003, cuando el entonces canciller Gerhard Schroeder se opuso a que Alemania participara en la guerra de Irak, “porque la guerra siempre es un fracaso” y por ser él mismo, un huérfano de guerra; y en 2015, cuando la canciller Ángela Merkel, confrontándose con sectores de su partido permitió el ingreso de miles de refugiados al país. La situación era absolutamente inédita, las fronteras estaban desbordadas, pero la ciudadanía inventó rápidamente miles de iniciativas de acogida y recibimiento, fue una situación sin igual y no sin consecuencias”, advierte.

Y es que el tema de los refugiados en Alemania “ha puesto sobre el tapete un debate que la política alemana viene eludiendo parcial o totalmente desde hace años: ¿Es Alemania una nación de inmigrantes o no? Después de más de seis décadas de ingreso de migración turca y europea y asiática y latinoamericana y africana, era hora”. Así pues y en todo lo que pueda acontecer de cara al futuro con los refugiados que actualmente se encuentran en Alemania, Esther considera que “la experiencia muestra que la política inmigratoria propone y luego la realidad dispone.

Cuando hace 50 años llegaron los primeros trabajadores turcos jamás se pensó en una integración a la vida alemana, y ya ves, con el tiempo los trabajadores trajeron a sus familias, los hijos crecieron aquí, y ahora ya existe una cuarta generación de turco-alemanes en el país”.

Cubierta del libro Mi Berlín de Esther Andradi

Defender la sencillez
Aunque Berlín, una ciudad mutante, el año pasado fue atacada por el terrorismo islamista, cierto es que las calles de aquella ciudad donde hace casi tres décadas cayó el muro, sigue siendo un espacio vital de libertad. Para Esther al igual que muchos, una forma de resistencia a la violencia y al terror consiste en “defender el disfrute de la sencillez de la vida”. Ella lo hace desde su labor periodística, la misma que exige cierta capacidad de movimiento y eso le ha valido para huir de tópicos y conocer de cerca culturas y personas que conforma todo lo que somos al final de cuentas: seres humanos o, “como dice un personaje de Eduardo Galeano un mar de fueguitos, ninguno igual a otro… todo depende de la distancia que tomemos para observarnos. Estemos donde estemos, nos diferencian nuestros sueños”. En Mi Berlín encontraremos mucho de eso.

Texto: Cristian Jara

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