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Blade Runner 2049

Una secuela con personalidad propia.

Con los remakes, reboots o las secuelas las comparaciones no sólo son odiosas, además son inevitables, porque la comparación está presente en la misma existencia de la película. Y ese es el gran problema de Blade Runner 2049,que es imposible hablar de ella sin acordarnos de la película de Ridley Scott, es el precio de adaptar no una película famosa, sino una de las mayores películas de culto en los últimos 30 años.

En este caso la comparación pondrá la secuela siempre por debajo de la original, y aunque es muy probable que objetivamente sea mejor la original, ello es inevitable desde el momento en el que la comparación se hace a partir de las grandes cualidades de la original, y es imposible que la secuela le alcance ya que han optado por no hacer una “película homenaje” e intentar copiar (saquear) a la original, el episodio VII de Star Wars es un evidente ejemplo de este estilo, y que hubiera sido lo más fácil a la hora de adaptar una película de culto con millones de fans que la han colocado en un altar sagrado, das al público lo que quiere sin arriesgarte, el precio que tiene esta opción es que con estos ingredientes es muy poco probable realizar una película con la personalidad ni el interés para que perviva en la posteridad de las grandes películas. Por contra han optado por el camino arriesgado: hacer una película que aunque respete y homenaje la original tiene una fuerte personalidad propia, y para ello han escogido a uno de los directores más personales del cine comercial, Denis Villeneuve. Y con esta decisión no tienes asegurada ni el éxito, ni tampoco hacer una gran película (y sabes que todo lo que no sea una gran película será considerado un gran fracaso).

El resultado es una película en la que se puede sentir el deseo de hacer una gran película en todos los implicados, incluso en los que no están acertados. Se nota que es una película cuidada, realizada con cariño, con ganas, con esfuerzo. Por supuesto es una gran producción, y se nota, pero son tantas las películas de gran presupuesto a las que sólo les importa lucir ese gran presupuesto, que parece algo digno de loar una película en la que el gran presupuesto va de la mano del compromiso artístico. Hay cierto continuismo con la primera Blade Runner, que compartan uno de los guionistas: Hampton Fancher, es en principio un garante de continuidad, e incluso se recuperan algunos personajes de la primera película interpretados por los mismos actores (más o menos), y está llena de homenajes a la primera, como que suene Tears in Rain de Vangelis. Pero la película vuela por libre, al menos en parte. La primera es cine negro revestida de cyberpunk, la secuela tiene elementos de cine negro, pero se diluyen en un argumento más cercano al thriller, aunque en ningún momento ese thriller tenga la fuerza suficiente para destacar frente a los dilemas filosóficos, que en la primera parte tenían gran importancia y eran el verdadero sentido de la película, pero en la secuela lo filosófico se merienda a la parte del thriller, siendo además un thriller que abusa de algunos lugares comunes que podría haberse ahorrado. El cyberpunk se puede ver en la película, pero no tiene el peso que tenía en la original, en la que podías sentir la decadencia, la mezcla multicultural y el caos urbanístico, por contra en la secuela todo eso se queda en la superficie de lo estético, a veces como acertado homenaje (los impresionantes planos generales nocturnos de la ciudad), otros como escenas demasiado forzadas o poco creíbles (cuando K sube las escaleras de su piso o sale a comer) y en algunos casos puntuales con verdadera personalidad propia más allá de homenajes (como en el “encuentro” de K con el holograma gigante publicitario de Joi). La original también tenía un nosequé estético que recordaba a cómic, de la que carece la secuela. Asimismo el perfeccionismo estético de la original, con esa frialdad kubrickiana, no sólo se ha transmitido a la secuela, sino que se ha convertido en la verdadera razón de ser visual de la película, con algunos aciertos destacables: casi todos los exteriores son sublimes, de una belleza impactante; y algunos excesos visuales más discutibles, como el interior del centro de operaciones de Wallace, una mezcla de pirámide egipcia pero de un fashion guay que resulta muy cargante. De hecho los interiores de la original me parecen impresionantes, y en esta secuela sólo interesantes, mientras que por contra len a secuela destacan los exteriores, especialmente en los espacios abiertos. Una de las cosas que más indignación han provocado en esta secuela es la banda sonora, hay algún homenaje a la original de Vangelis, pero en general es el tipo de banda sonora que ha puesto en el centro del huracán a su autor, Hans Zimmer, que nos regala todo un festival de sonidos electrónicos arítmicos, sin melodía, ni nada a lo que agarrarse, la pesadilla de los que disfrutan escuchando bandas sonoras sin la película, y aunque es cierto que se pierde el encanto de las pegadizas y carismáticas melodías de Vangelis por una colección de ruidos más bien molestos, repetitivos y en ocasiones desesperantes, lo cierto es que no me ha molestado como en otras películas musicadas por Zimmer, porque tenían un perfecto sentido con la trama futurista y existencial de la película, de hecho el desgarro interior del personaje se entiende mejor por la música que por la hierática interpretación de Ryan Gosling. Otro concepto que se repite es el de que las máquinas son más humanas que los humanos y mostrarlo con una historia de amor, y debo decir que la historia de amor de la secuela me parece mejor transmitida, sobretodo por el personaje de Joi, mucho más expresiva y sentida que la enigmática, fascinante, pero también demasiado fría Rachel. Lo que sucede es que en esta secuela la historia de amor es secundaria, ya que el verdadero mensaje de la película no es que las maquinas son más humanas que los humanos, como si era en la primera parte, en la que ese mensaje llegaba con más fuerza por los antagonistas que por la protagonista femenina. Como en la primera parte los personajes a priori más importantes son masculinos, y en ningún caso superan a las actuaciones de la original. He leído muchas críticas contra la actuación de Ryan Gosling, muy lacónico, pero me parece una actuación bastante correcta respecto a la naturaleza del personaje y no creo que empeore la actuación de Harrison Ford, actor carismático pero que no es un genio de su arte, y que de hecho repite personaje en la secuela, sin pena ni gloria. El peor de todos es Jared Leto, al que se ve demasiado forzado en su mesiánico Wallace. Los personajes femeninos aunque secundarios son todos bastante más interesantes: Sylvia Hoeks es una villana que funciona, a Robin Wright la hubiera querido ver más, tengo la sensación de que está desaprovechada, tanto ella como su personaje, y la gran sorpresa ha sido Ana de Armas, que fue objeto de las mayores críticas antes del estreno, interpreta un personaje solvente, el único que logra romper la frialdad reinante en la película, y no me atrevo a juzgar su calidad como actriz, pero en este caso construye el personaje que debía construir y protagoniza algunos de los mejores momentos de la película. Otra cualidad de la original ausente en la secuela son las grandes frases sentencia para el recuerdo, he llegado a leer que el guión de la original es mucho mejor justamente porque a la secuela le falta ese tipo de frases. ¿Pero una película filosófica necesita tener grandes frases para el recuerdo? Para mi una película verdaderamente filosófica es aquella que plantea dudas existenciales y te permite reflexionar sobre esas duras, las diferentes partes de Matrix están llenas de frases filosóficas y rimbombantes, pero son películas que no dejan respirar el pensamiento, ni las reflexiones, y aunque los fans de Blade Runner suelan asociar sus grandes frases a la parte filosófica, esa tendencia a las frases sentencia son más propias del cine negro y del cómic, de las que Blade Runner tiene una fuerte influencia, por contra Blade Runner 2049 es una película con una carga más directamente filosófica, de hecho todo lo demás parece una excusa (excepto su esteticismo, que también tiene un peso específico importante), y la película ofrece un rico abanico de interrogantes y dudas existenciales, siendo el principal, el verdadero tema de la película, como tejemos nuestra personalidad y la percepción de nosotros mismos a partir de unos recuerdos que no son nunca exactos pero que nos marcan muy profundamente.

Pero por encima de todo, lo más importante es que se trata de una película de Denis Villeneuve, un cineasta con una sólida personalidad propia, que ha llevado el universo de Blade Runner al suyo propio, y aunque la película tenga algunas cosas discutibles, un ritmo supuestamente lento y una frialdad que parece excesiva, también tiene cualidades importantes, como la impactante fotografía de Roger Deakins, y algunas escenas para el recuerdo, como la de sexo de Joi y la prostituta “conectadas” con K, o la llegada de K a Las Vegas, o la pelea con Deckard dentro del salón de los hologramas. Que Blade Runner 2049 sea sólo una secuela interesante con defensores y detractores, o una película que pase a la historia por sus propios valores más allá de ser la secuela de un film de culto, es algo que sólo sabremos con el tiempo, pero a día de hoy lo que sí puedo decir es que se trata de una película con personalidad y calidad, y uno de los estrenos más interesantes de la actualidad.

Raúl Ruíz/tipot@pa

Fecha de estreno 6 de octubre de 2017
Blade Runner 2049 (2017)
Dirigida por Denis Villeneuve
Reparto: Ryan Gosling, Harrison Ford, Jared Leto, Ana de Armas…

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