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Sant Medir en Cómic

Como cada año, el día 3 de marzo se celebra en Grácia (Barcelona) la fiesta de Sant Medir, una fiesta de caballos, caramelos, romeros, gente que mira y participa, una dulce fiesta para los niños, jubilados y forasteros, que proviene de una “tradición” no muy lejana pero que ha sobrevivido a todos los regímenes políticos, desde el siglo XIX, la dictablanda, la república, la dictadura y hasta hoy…

Publicamos un divertido artículo del año 1980 de la revista El Badall de Gràcia, y dos páginas del cómic que hice para esta revista, dedicado al Sant Medir (Medin) Enlace El Badall de Gràcia (hemeroteca)

Enlace al cómic sobre Sant Medir 
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Primera historia de MEDIR (MEDÍN o EMETERIO)
Se ganó la palma. Fue el discípulo más audaz de entre los de su clase. ¡Alta victoria! Porque el santoral es como un tipo de museo botánico: encontramos elementos de los distintos “reinos”. pertenecientes a cualquier “orden” monástica, agrupados por “familias”. “tipo” y “clases”. Y dentro de cada una de estas, algún discípulo espigado que, como el trigo entre la hierba; sobresale. Sí, san Medin, no podemos dudarlo, se ganó la palma: la palma del martirio.Sant Medir sant¡Joven santo ingenuo! Todo rechoncho, con la nariz roja y la cara sana. “El labriego del Vallès”. decían.Y la ocasión le pasó por delante, dirección a San Cugat, toda calvo, con birrete y báculo. Recién pasado Carnaval, disfrazada de obispo Marcelo, Esteban o Leovigildo (que del nombre no se acuerdan los lugareños), corriendo con la sotana recogida: la ocasión, por el Agujero del Viento, tortuoso camino de la virtud, en rápida dirección hacia la salvación. Y a medio camino, atento y oportuno nuestro santo Medin.La faja haciéndole de faja, de “barretina” el sombrero, experimentaba (¡lúcido sabihondo de abstracto entendimiento!) sobre el campo de la agronomía; azada arriba, azada  abajo, cavando, arrancando matas y perforando sobre el campo de la botánica de confección casera .San Medin, cuando era todavía Medin, vivía aislado como un sabio ermitaño. Pocos años que tenía, todos los había dedicado a la mística contemplación de los divinos ciclos naturales: si la luna está llena, aprendió en doctos libros, las legumbres crecen hacia arriba, y si es luna nueva, hacia abajo. Si se riegan nacen, si llueve también. Y poniendo un poco de potasa al agua y en la tierra una pizca de aguardiente, un día el santo descubrió la mágica reacción de los minerales.Espectador ante el fenómeno fue el calvo obispo, el de los pies ligeros. ¡Silencio! ¡Luz! ¡Acción! Y las habas crecen solas. ¡Arriba, arriba! ¡Sin manos! Y qué potásica rapidez…, ¡qué mítica reacción!Quienes reaccionaron rápidamente fueran los malos. Que todavía no sé si eran romanos (porqué a la encuesta popular gracienca nadie me ha sabido dar razón cierta); romanos. decíamos, la “bofia” o los satánicos rojos, asesinos de mariposas. Y alguien, incluso, me ha dicho que quién perseguía el obispo era un panadero del barrio que tocaba las campanillas sobre una burra y en aquellos momentos iba en peregrinación dando caramelos a los niños. Todos ellos, pues, en confabulación manifiesta, lo hicieron a rodajas.–¿El obispo? Recien ha pasado por aquí, cuando yo plantaba las habas. Nada…
¡Ingenuo santo! Suave y dulce como un caramelo; pero enganchoso, al fin y al cabo.
–Un milagro de la ciencia, sí. ¡He triunfado!
Y le dieron la palma. A rebanadas, al pobre, a rodajas.
Joan Extra Sant Medir  (El Badall de Gràcia nº 11, marzo 1980)
evelio@tipotapa.es

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